El auge universitario ha sido el mayor factor de ruptura interna en Occidente, incluso más que la inmigración
También: Esperar es de pobres; La confianza en una cultura ahora se consigue con vigilancia tecnológica; La gran persuasión; Jane Goodall y LeCarré
Vamos con lo más leído de la edición anterior: el carpintero que hizo una casa a lo Gaudí, la matemática Hannah Cairo que nos fascina resolviendo la llamada conjetura de Mizohata-Takeuchi, por qué se han duplicado las bajas en España.
Es una lucha de clases: universitarios contra el resto
Considero a Janan Ganesh como uno de los analistas más inteligentes de la sociedad actual. En una de sus piezas del mes pasado en FT (en inglés) consigue extraer las consecuencias de un tema que hemos comentado ya en la Causas y Azares: la sobreproducción de élites. La tesis del autor es que el crecimiento de las universidades puede estar en la raíz de la polarización social contemporánea. Señala que el nivel educativo es, según las encuestas, el mejor predictor de la apertura al populismo político. Por ejemplo, quienes no tienen título universitario tienden a favorecer líderes populistas (como Trump en EEUU y Brexit en Reino Unido), mientras que los titulados superiores muestran mayor apoyo a alternativas liberales.
Y en su desarrollo llegamos a lo que más me interesa: Ganesh plantea que hay un “número perfecto equivocado” de universitarios. Son los suficientes para excluir culturalmente a quienes no acceden, pero no tantos como para ser mayoría electoral. Así, los graduados dominan espacios culturales y sociales por unos años, pero pierden en las urnas. Esta división ha creado “dos sub-naciones” dentro de los países occidentales, profundamente separadas y socializadas casi exclusivamente entre sí.
De hecho yo extendería esta división al control de internet, desde la moderación de plataformas a la lucha “contra el discurso de odio” o la tendencia a señalar a las herramientas que no se adoptan como las grandes causantes de enormes males. Se trata de una élite que intenta mantener su posición dominante en la generación de opinión pública frente a otra que emerge y que se abraza a las nuevas formas de comunicación.
¿Es el auge universitario el mayor factor de ruptura interna en Occidente, incluso más que la inmigración? Si atendenmos a que la actitud sobre esta última está influida por el nivel educativo, es una hipótesis a considerar. Sobre esto habla Gemma Goldie en su lista: los votantes ya no se organizan principalmente en torno al tradicional eje izquierda-derecha, sino alrededor de nuevos clivajes culturales, especialmente el relacionado con la inmigración. Este enfrenta dos visiones del mundo, el cosmopolitismo y el comunitarismo.
De hecho se ha estudiado que los parlamentarios europeos están sistemáticamente más a favor de la inmigración que sus votantes: sucede en prácticamente todos los países europeos, con todos los partidos establecidos (incluidos los conservadores) y, en mayor o menor proporción, en todos los grupos demográficos.
La gran persuasión
He escrito en Error500:
Esperar es de pobres
Virginia Mendoza Benavente recupera en Herencia latente un antiguo artículo en el que exploraba cómo la espera funciona como un mecanismo de control social y reflejo de las diferencias de clase en nuestra sociedad.
Señala la autora que “el dinero permite evitar las colas y las esperas en general mientras se hace ostentación de cierta riqueza y poder”. El sociólogo Javier Auyero argumenta que por lo tanto “las colas perpetúan la situación social” y que “esperar es de pobres”.
Mendoza cuestiona la concepción tradicional de la paciencia como virtud, señalando que su raíz latina (_pati_) alude al sufrimiento. De hecho ha surgido un mercado donde se puede pagar a otros para que hagan cola, mencionando servicios como Glovo para restaurantes sin reservas y aplicaciones como iQueue en Singapur.
La confianza en una cultura ahora se consigue con vigilancia tecnológica
Llevo unos meses enredado en varias lecturas políticas y antropológicas que intentan explicar el surgir de los estados y el sistema liberal moderno y las ideas y psicología que los han facilitado. Parte del proceso es llegar a ser una sociedad con más confianza: en las instituciones, en el cumplimiento de los contratos, en las intenciones de los deconocidos.
Por eso me ha interesado mucho la tesis de Robert Wu en China Translated (en inglés): la tecnología es central en el cambio de China de una sociedad de baja confianza a un lugar donde la gente es menos escéptica con los desconocidos. El país está volviéndose gradualmente más confiado, en parte gracias al uso generalizado de herramientas digitales.
Por ejemplo, la tecnología de vigilancia y las aplicaciones móviles hacen que la gente tenga menos incentivos para mentir, hacer trampas o discutir en público: Wu relata un reciente accidente menor en el que el conductor culpable intentó mentir sobre lo sucedido, pero las cámaras de seguridad de alta tecnología y las aplicaciones para documentar el incidente hicieron que fuera fácil resolver la situación. Las omnipresentes aplicaciones de pago móvil también cuentan con sistemas propios diseñados para compensar la falta de confianza en las transacciones cotidianas. Alipay y WeChat, por ejemplo, asignan puntuaciones que permiten a los usuarios con buenos historiales de pago alquilar bicicletas sin depósito.
Cajón de sastre
Los secretos de John le Carré y el error en ‘El topo’ que cambió su manera de escribir. María Ramírez en El Diario.
Falleció Jane Goodall. Me ha encantado esta anécdota con el viñetista Gary Larson, que publicó una viñeta con dos chimpancés acicalándose; al encontrar un pelo rubio, uno dice: “Bueno, bueno… ¿otro pelo rubio? ¿Has estado haciendo más ‘investigación’ con esa fresca de Jane Goodall?”.
Los secretos de las subastas de equipaje perdido: compré cuatro maletas por 100 libras. ¿Qué encontraría dentro? Las maletas no reclamadas antes terminaban en el vertedero. Ahora, la gente practica lo que llaman “apuestas de maletas”: pujan por equipajes y su contenido desconocido, adentrándose así en las vidas de completos desconocidos. Emma Russell en The Guardian (en inglés).
La despedida de Saint Etienne: Cómo solíamos vivir. Por Alex Serrano. Y mientras le leo escucho a Sarah Cracknell cantar “¿Y no te pone triste cuando estás solo?
¿Y no te pone triste
cuando estás en soledad?
Pero ¿no te alegra
cuando el sol brilla en tus ojos?”
Leonor Cervantes escribe sobre el rasgo más pesado de su personalidad: ser hermana mayor. En Público.
“L’esprit de l’escalier”. Expresión acuñada por el ilustrado Denis Diderot para referirse a ese diablillo que nos dice un montón de brillantes sentencias que podríamos haber dicho en nuestro discurso, pero solo lo hace cuando hemos bajado del estrado, cuando hemos bajado la escalera. Sánchez-Migallón con más herramientas cognitivas desde su blog.






Si solo se trata de una "hipótesis a considerar", porque es evidente que con los datos que tenemos es solo eso: una hipótesis bastante discutible (= correlación no implica causalidad: ¿el mayor factor? ¿más que la inmigración? wow...), ¿por qué se pone en el título como una afirmación, y no cómo una pregunta?
Hola este artículo ha salido como una de las GRANDES HISTORIAS, en la edición del Diario de hoy: https://columnas.substack.com/p/lecciones-aprendidas-del-crecimiento
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